Esto de ser mamá no solo tiene su lado maravilloso y feliz que todos pretendemos mostrar...en mi corto recorrido, pensé que era la única loca que a veces añoraba la soledad en todo su sentido y con mayúscula, con días de furia en los que mi lado oscuro afloraba en su máxima expresión, momentos en que el negativismo, apatía y desesperanza eran los protagonistas. Pero después de algunos cafés y conversación con mis pares, muchas tenemos nuestros días en los que quisiéramos no tener la tremenda responsabilidad de tener hijos, no tener que planificar el día a día entorno a esas personitas a cada rato y cada instante, días en que añoramos la independencia, en que quisiéramos incluso estar viajando sin rumbo solo dejandonos llevar. En fin, creo que el cansancio fisico lo trastorna todo. Pero luego nuestra realidad se hace presente y nos guiña un ojo, nos recuerda el lado hermoso y sublime de esta historia, nos aterriza a lo esencial. La carita de mis hijos al despertar, una palabra graciosa de Renato o un logro de Bruno borran miles de días de furia que haya tenido.
En todo este cuento, ha sido muy sanador reconocer que tener este tipo de pensamientos fugaces y trastornados es absolutamente normal y producto del agotamiento. Y que cuando pasa la tormenta del mal genio todo es absolutamente perfecto y bello.